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Encontre una tarea que hacer este verano, leer, así de simple, de la manera menos retorcida lamentablemente. Resulta que un amigo tiene en su casa, en alg{un rincon un montón de libros, que bien podría ser la biblioteca más importante y rica de toda la ciudad en la que vivo, no me sorprendería que los libros valieran tanto como su valor literal y sentimental, o inclusive mas, algunos tienen cerca de 50 años de edad y aun asi parece que durarán otros 150.
Algunos son los titulos más queridos en la historia de la humanidad contemporanea como la conocemos, pero claro, son traducciones al idioma español, las cuales me he esforzado en leer toda mi vida por que no hayo tiempo para ir al gimnasio en las tardes y aprender ruso o finlandes por las noches.
Uno nunca sabe que puede tener guardado el tipo de al lado y encontrar todo este tesoro literal tan cercano y antiguo me ha hecho que me queje menos de mi vida. Así que me dispuse a leer, y valla que vale la pena. Aprendí algunas fraces en frances y algunos consejos sobre como comportarse en algún casino de Rusia en el siglo pasado para no acabar asaltado o que tenedor es digno escoger cuando cenas en la casa de tu desquiciada novia.
Leo algo, según yo, lo más popular de Goethe (si usted conoce a este autor tal vez sepa que libro leo) y si eso no basta es terriblemente cursi, es ridiculo lo cursi que eran las personas hace siglos y es más aterrador el hecho de que he llegado a ese punto de cursileria en mi vida, pero el. Las novelas romanticas de ese tiempo no se compar{an a las novelas romanticas que la matriarcal Silvya Pinal nos regala las tardes por más de cuarto de siglo.

¿No es fascinante el mundo de la lectura? Lo único que me falta es una pipa, una bata roja de cuadros y terrier escoses llamado Bush.

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