Summer's Gone

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Si han visto las noticias sabrán que al menos, (corre el rumor) fomentado por los presentadores de noticias clasicos (algún tipo de bigote o de gafas (o ambos) en un noticiero), que el estado de Sonora se encuentra azotado por el huracán Lowell, un huracán que a pesar de poseer un nombre poco inspirador, ha causado una destrucción masiva de hogares y el éxodo improvisado de más 7 mil damnificantes hacía zonas más seguras.
Curiosamente, su humilde autor está sentado en uno de los muchos municipios que según las noticias esta viviendo un pandemonio acuático semejante a Katrina pero con más tierra y confusión. 
Son las 2 y media de la tarde y afuera hace sol.
El día ha estado tranquilo hasta ahora, no como ayer, el agua alcanzó una marca record y casi entra a mi casa involuntariamente, lucía impresionante. 
Horas después, antes que todo se pusiera mal, dejó de llover. El resultado: a un amigo se le mojó la fiesta de cumpleaños. No he sido testigo de otra tragedia igual o mayor en esta ciudad.
Desde entonces media docena de helicópteros sobrevuelan sobre mi cabeza, y alrededor de miles de personas han sido trasladados a albergues. Las calles están mojadas y todo tiene un aire humedad y de soledad. 
Extrañaba la lluvia, todas las gotas que caían al suelo y formaban un improvisado río, fue casi un acto solemne. Esta ciudad no tiene la fama de estar conectada con el agua en casi ningún aspecto, al contrario, carece de esta, más bien tiene un pacto con el calor la mayor parte del año, así que el resultado final lucía como una especie de espectáculo o invasión el ver el agua recorrer las calles como si proclamarán alguna clase de victoria contra la misma madre tierra.
Al final el peso de las mismas formas impuestas de vivir han sacado el agua pero dejado algunas cicatrices. Jamás pensé que los estragos del cambio climático alcanzarán mi casa tan pronto.
¿Es esto solo un poco del porvenir que nos depara el futuro? ¿Al Gore tenía razón?

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