Crime!

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Una de las cosas que hacen grande a este país es la evolución social que se refleja en las comunidades de personas, unidas en un solo propósito, ya sea para construir una rifa para la iglesia en Semana Santa, ayudar a decorar el árbol de navidad del vecino invalido o formar grupos armados con gente del pueblo para proteger los limites de sus colonias o fraccionamientos urbanos.
En Ciudad Juarez (una ciudad algo atacada últimamente por la amenaza de la inseguridad) unos hombres decidieron que ya estaban hartos de los problemas que involucraban la palabra crimen y una sabana encima de un cadaver, y se propusieron a, como los mismos ladrones y narcotraficantes, crear su propia asociación sin animos de lucro, para tomar la justicia por sus propias manos.


Denominado Comando Ciudadano por Juarez o CCJ, un grupo que muchos alegan es financiado por empresarios hartos de que les roben sus coches, expresaron el cansancio que provoca el tener que vivir en una sociedad donde abunda la corrupción en casi todos los niveles posibles administrativos y la falta de respeto a las señales de transito, donde el dinero y las ambiciones bastan es interponen en trivialidades como la vida, una sociedad donde la ley se queda lentamente sin combustible y sucumbe a los estragos de extorsiones de mucho dinero y muchas amenazas de muerte a manos de un crimen mucho mejor organizado que las décadas que existe el gobierno aquí.
“Nuestro comando no está ligado a ningún partido y nuestra única preocupación es que Juárez recupere los niveles de tranquilidad que se tenían hace un par de años”. ¡Me gusta su iniciativa! Hablo en parte por la experiencia de tener que vivir en un pueblo donde comúnmente no sucedía nada, y progresivamente cambia al de una ciudad chica donde suele suceder todo lo malo que sucede en grandes metrópolis como Ciudad Juarez, privándonos de los placeres de salir a las doce de la noche por un ponche de frutas al OXXO, o saludar a extraños en la calle a costa de nuestra libertad y nuestra billetera.
Su Lema es “Patria y justicia, por una nación para todos”, un lema bastante entendible, y digno de uso por cualquier caudillo montado a caballo que peleara contra ancianos ricos y conservadores en la revolución.
Este grupo tiene casi todo lo necesario para alcanzar mi aprobación, es como la Liga de La Justicia, pero sin prejuicios étnicos ni mallas ajustadas.
He aquí lo poco ético: “terminar cada 24 horas con la vida de un criminal”. Al menos eso es lo que tienen planeado este grupo para la purificación de una nación que basó sus principios en los mandamientos que contenía la traducción de la Biblia que llegaron a este continente.
Aparte de que dudo de esta iniciativa, en primera por que de esta forma tal vez tardemos alrededor de 30 años en limpiar las calles de México, y en segunda por que estaríamos implementando exactamente los mismos métodos que estos han usado hacía nosotros, como una especie de retribución vengativa u “ojo por ojo” hacía los delincuentes; me inquieta pensar que tal vez allá un grado de razón en esas crudas y breves palabras.
Vivimos en una época en que el crimen crece como un tumor canceroso y nuestra única posibilidad de salvarnos, la Justicia, carece de los métodos y de la voluntad para hacer algo de verdad provechoso. ¿En quien podemos confiar entonces? ¿Qué se supone que tenemos que hacer?
Tal vez esta conclusión sea inevitable. En una sociedad donde aplicas presión una y otra vez al pueblo por todos los extremos, este tiene que explotar o perecer. Estamos presenciando un suceso donde el miedo y la venganza se apoderan de un grupo de habitantes que no solo ha sido atacado física y moralmente, sino que ahora nos vemos obligados a adaptarnos al ambiente de muerte y sorpresas para hacernos escuchar y para obtener resultados.
El susodicho grupo CCJ estará reclutando gente de localidades aledañas y pide que las personas a mandar mensajes a cierta dirección anónimamente para reportar la localización de un “delincuente”, así, como una entrega de pizzas, ellos irán allá y lo matarán. Ya huelo a bromas pesadas.


Esto es lo que pasa cuando la televisión comienza a apestar y las distracciones laborales ya no son suficientes para percatarnos de lo evidente que es la jodides que nos rodea. ¿Inevitable? Esto va a doler.

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