The Sharpest Light

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Mientras escribo esto ahora, mi otra computadora sucumbe ante las desgracias de su enfermedad, viendo como se afectada por ella una y otra vez como si le encajaran un enorme tridente en el trasero, pero aveces siento que es mi trasero.
Se acerca la fecha zero, la verdad no puedo hablar mucho de eso, soy ridículo al momento de tratarse de mi intimidad, si pudiera pondría todas esas cosas dentro de un cofre y lo enterraría en una isla similar a Jamaica, o en una vitrina a prueba de balas, como esos que usan para el marco de la Virgen en el DF.

Aveces pienso en mi tiempo, en mejores formas de organizarlo y maneras en que pueda convencerme a mi mismo de cumplir mis responsabilidades mas valiosas como mantenerme estable en la escuela (cosa que hago con la astucia de un idiota en una cuerda floja), ver programas de televisión (generalmente repeticiones de la década de los noventa), leer para aumentar mi coeficiente y socializar con otras chicas para no tener excusa de ir al cine solo o rentar una película que nadie vio o nadie recuerda.
La verdad es sano conocer nuevas caras, nuevos rostros, seguir moviéndose hacía nuevos territorios mas fértiles y con climas favorables.
Los relojes siguen cambiando y yo me muevo con ellos, pero aun así siento aveces como si algún fantasma del pasado me agarrara del tobillo y me jalara hacía abajo, además del horror que siento cuando un zombie aparece por sorpresa, también debo luchar por eso que creo y evitar caer, al vacío, caer de nuevo a la enorme nada.
Aveces me quedo pensando en una forma semi perfecta que sería la realidad, creando una dimensión paralela en mi cerebro donde los cables están conectados a diferentes enchufes y las personas toman distintas decisiones. Pero eventualmente me aburro y vuelvo a ver televisión.

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