Children's Corner

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Hace tiempo que descubrí el placer de recorrer a pie lugares desconocidos, al menos para mí. Es cierto lo que dicen de que “el mundo se descubre caminando”, supongo que es más fácil mirar tu entorno así que hacerlo a 80 kilómetros por hora dentro de una coraza de metal y vidrios. Dice la esposa del escritor Jorge Ibargüengoita que muchas de las novelas de su esposo las debía gracias a su hábito de salir a caminar por las calles. Allí conoció a sus personajes y observó argumentos que tomó como suyos en forma de palabras cargadas de simbolismo. Es probable que no nos percatemos del simbolismo de las cosas hasta mucho después, o incluso nunca, pero confiamos en que alguien lo hará. Esa es la magia de las historias, registrar lo que vemos cuando caminamos a pie. Las calles envejecen alrededor del inmortal hábito de salir a mirar, en las noches o en los días (preferentemente en las noches); veo coches, patrullas, calles desoladas forradas de casas de ladrillo y cemento que protegen a las personas dentro de sus panzas calientes, soy la única persona en esta fría noche y tal vez la última. Camino para ver cosas nuevas, y en ellas elaborar historias y de esas historias encontrar la respuesta a la pregunta que me inquieta. ¿En donde estoy?

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