Las Noches de Cabiria

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Federico Fellini es uno de esos directores que te agarran del tobillo y te avientan a una alberca de emociones sin aviso, y luego te chapotea pequeñas gotas de melancolía. 
Las noches de Cabiria no solo es una historia, es un retrato de una flor sensible en un mundo lleno de espinas, una película que nos habla de la soledad, del amor, de la muerte y del remordimiento, pero también de la esperanza. Cabiria no es la típica heroína, es una mujer ordinaria intentando cambiar en un mundo de gente imperfecta que anhela un milagro.

Federico Felini nos ha hablado de la soledad en la Dolce Vita y en 8 1/2, pero es en las Noches de Cabiria donde más transmite esa emoción en la forma de una protagonista hambrienta de amor pero temerosa a volverse vulnerable, alguien que muere para ver el mundo con ojos nuevos, pero que tiene que volver a morir para completar el ciclo de vida y sentir el fuego que guardamos adentro. 

Es costumbre ver a los personajes de Fellini caminando, siempre explorando el espacio que les rodea, expandiendo sus horizontes y conociendo a toda clase de personajes extraordinarios que de alguna u otra manera influyen en la protagonista de la misma forma en que influyen en el espectador. La pelicula puede ser interpretada como una metáfora de la muerte y una celebración de las pequeñas dichas que proporciona la vida. 

No es de sobra que la película también nos habla de una Italia en los años 50’s posterior a la Segunda Guerra Mundial, plagada de miseria, lujo y los espíritus de las antiguas tradiciones. Las mujeres son hermosas, los hombres brutos románticos y todos bailan. Es un mundo donde la magia se fusiona con la oscuridad y se revela nuestro anhelo de una vida mejor. 

La impecable dirección de Fellini (que sabe que los rostros son más hermosos que los paisajes) y la espectacular actuación de Guilietta Masina hacen de esta cinta merecedora de una distinción que trascenderá épocas y géneros.

Si el cine es la herramienta que que ocupamos para llenar nuestros deseos, esta película es un maravilloso y triste ejemplo. Al final la respuesta no viene desde afuera, la cargamos nosotros dentro, y la desvelamos únicamente a través de la densa oscuridad donde perderemos todo, solo así nos damos cuenta de que siempre fuimos libres.

 

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