White Lies

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Marcado por un despegue suave, un trayecto cegado por nubes densas y un descenso no anticipado mis pulmones absorbieron un aire ajeno pero familiar y asi empieza otro capitulo de la historia interminable y universidades estatales.

Acabo de llegar a Monterrey, ciudad del pecado y tres veces seguidas cede de la convención nacional de crimen organizado y anime.

El taxista es amable y platicador, como el 99.6% de las veces; me platica sobre el procedimiento de recuperación de objetos extraviados que dejas en los taxis de esa compañia. Me dice que lo mejor que se puede hacer en esos casos es actuar rápido, pero más de una vez tendrás suerte y el mismo taxista te entregara el objeto extraviado a tu domicilio como si fuera una pizza, propina es simbolica, veracidad dudable.

Como siempre toda charla se arrastra sigilosamente por el mismo agujero negro gravitatorio que rodea a todas las charlas en esta ciudad: la inseguridad. Me dice que actualmente todo está tranquilo. Digo para mis adentros que Monterrey es como un cachorro bipolar al mismo tiempo que pasamos de largo unas camionetas con personas vestidas de civil cargando armas largas que miran el trafico, mientras a dos calles de allí personas disfrutan de su viernes con unas bebidas y risas en el interior de un bar. Me invade la nostalgia.

Llego a mi departamento vacio y mecanicamente hago todo lo que mi instinto de preservación de la higiene me ha enseñado a lo largo de estos años y veo una pelicula mientras el nuevo aire fresco transforma mis entrañas, otra vez.


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